Categorías: Homilías Publicado el: 4 de diciembre de 2022 Etiquetas: , 478 palabras 14,5 min lectura
Arrepentirse
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Arrepentirse

La primera palabra de Juan el Bautista es arrepiéntete. Es una palabra desafiante para todos nosotros porque todos sabemos que hemos quedado cortos de la dignidad y la gloria que Dios quiere para nosotros.

Juan señala con el dedo a los fariseos y saduceos: prole de víboras. ¿Por qué has venido aquí? John pregunta por qué has venido al desierto. Tienen sus hogares reales, abundancia de comida, vestimentas especiales para adorar, y su adoración ya no es alabar a Dios, sino que se ha vuelto falso y una burla hacia Dios.

Un día Jesús les dirá a sus discípulos que escuchen lo que dicen, pero que no hagan lo que ellos hacen. ¿Alguien podría señalarnos con el dedo y decir lo mismo? Necesitamos tiempo, unos minutos, para hacer un autoexamen diario. Por eso nosotros también debemos salir al desierto. Un lugar tranquilo, lejos de todas las voces que nos dicen qué hacer, cómo vestir, qué pensar, qué creer. Un lugar alejado del ruido del mundo.

Isaías habla de un mundo extraordinario. Vivió unos setecientos años antes que Jesús. El Antiguo Testamento predice la venida de Cristo. ¿Has oído las pistas en la lectura de hoy?

"El espíritu del SEÑOR descansará sobre él:
un espíritu de sabiduría y de comprensión,
un espíritu de consejo y de fortaleza,
un espíritu de conocimiento y de temor al SEÑOR,
y su deleite será el temor del SEÑOR."

Mira de nuevo estas palabras. Sabiduría, entendimiento, consejo, fuerza, conocimiento y temor al Señor. ¿No son estos los dones del Espíritu Santo? Pero Isaías sí conocía al Espíritu Santo.

Dios está trabajando para prepararnos para algún día conocer al Espíritu Santo. Dios nos está preparando para un lugar donde la verdad y la justicia se encuentran. Ya no hay guerra ni violencia. Vivimos en paz y armonía. ¿Cómo puede pasar eso? En lugar de pensar en nosotros mismos, confirmamos nuestra voluntad a la Voluntad de Dios. Con acordo, todos con una sola voz daremos alabanza y gloria a Dios.

Los pecados de nuestro pasado se lavan en el sacramento del bautismo y la confesión. Somos hechos nuevos para estar en la presencia de Dios. El Adviento nos permite un tiempo para entrar en la oración más plenamente. Es un tiempo para mirar con ilusión la llegada de Cristo mientras luchamos con las decoraciones navideñas, las fiestas y un mundo que siempre nos presiona. Sin embargo, la oración solo tiene que ser una oración sencilla en el desierto de nuestros corazones. Señor Jesús, ¡ven!

Que el Señor los bendiga en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén