Categorías: Anuncios , Eventos , Homilías Publicado el: 24 de noviembre de 2025 Etiquetas: 371 palabras 11.2 minutos de lectura
dos personas caminando entre árboles altos bajo un cielo nublado
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Administración y espiritualidad de la caza

Por Krystal Montgomery y Roland Flasch

La gestión nos llama a cada uno a ver el mundo no como algo para usar, sino como un regalo para atesorar. Para quienes cazan, quizá este llamado vaya más allá. Sentado en silencio en un soporte o en una persiana, lejos de pantallas y ruido, un cazador se convierte en testigo del arte de Dios. Desde el amanecer y el ritmo del bosque hasta el canto de los pájaros... Estos momentos de soledad no son vacíos.  Estos momentos son invitaciones a la gratitud... ver la creación como un testimonio viviente del amor de Dios.

Desde esta perspectiva, la caza se convierte en algo más que otro deporte o afición; Se convierte en oración. El corazón pasa del deseo de éxito al agradecimiento por todas las bendiciones de Dios: familia, comunidad, fe y el don de la vida misma. La administración nos recuerda que estas bendiciones se confian, no que se poseen. Al reconocer esto, muchos se sienten impulsados hacia la generosidad, compartiendo no solo la cosecha sino también la paz que se encuentra en la naturaleza, y acercándose a quienes lo necesitan.

La caza, basada en el respeto por los ritmos naturales de la vida, refleja nuestra vocación cristiana de vivir en armonía con toda la creación. Tratar la tierra como Dios quiso, en lugar de como posesión, fomenta la humildad y la gratitud... virtudes que se extienden más allá del bosque y llegan a todos los aspectos de la vida diaria.

En la quietud del bosque, el silencio se convierte en oración, muy parecido a la reverencia silenciosa de la Misa. La espera paciente de un cazador se parece mucho a la postura de expectativa de la Iglesia ante Dios. En última instancia, la administración católica transforma la caza en un camino de renovación espiritual... una forma de encontrarse con Dios, dar gracias por Su abundancia y comprometerse de nuevo a cuidar de Su creación con humildad, generosidad y amor.

Seas o no cazador, el tiempo pasado con Dios nos lleva a una relación más profunda con Él. No importa si está en un soporte de árboles o en otro lugar, cuando encuentres la paz de Cristo, invita a otros a experimentar a Dios como tú lo has hecho. Pon a Dios en el centro de todo lo que hagas. Y cuando sea necesario, reserva tiempo para retirarte a esos lugares restauradores que ayudan a renovar esa paz y a profundizar tu relación con Dios.