
Inclínate...
Por Krystal Montgomery y Roland Flasch
Resulta que el Espíritu Santo tenía opiniones firmes sobre la reflexión de esta semana. Estamos en ese largo periodo entre Navidad y Cuaresma cuando las decoraciones están desmontadas, el invierno parece interminable y encontrar inspiración puede ser difícil. La creatividad estaba claramente de vacaciones — hasta que el Espíritu Santo intervino con un recordatorio nada sutil: "Oye... apóyate en mí." Así que nos hemos centrado en las lecturas de hoy, que nos invitan a reflexionar sobre lo que significa inclinarse hacia el Espíritu Santo y confiar en la voluntad de Dios para nuestras vidas — no solo en momentos grandes y dramáticos, sino en los más ordinarios y cotidianos.
En la primera lectura, el Siervo del Señor habla de haber sido llamado por Dios desde el principio, formado con intención y enviado para un propósito mayor que él mismo. Sin embargo, el Siervo también expresa desánimo, sin estar seguro de si sus esfuerzos han sido fructíferos. Esto es muy parecido a muchas de nuestras propias experiencias. A menudo nos preguntamos si estamos en el camino correcto o si estamos marcando la diferencia.
Apoyarse en el Espíritu Santo significa confiar en que Dios está actuando incluso cuando los resultados no se ven y seguir viviendo fielmente cuando el camino se siente incierto.
San Pablo recuerda a los corintios que están "santificados en Cristo Jesús." La santidad no es algo que alcancemos por nuestra cuenta; es la obra del Espíritu Santo que lleva dentro de nosotros. Apoyarse en el Espíritu suele ocurrir de formas silenciosas y poco destacables — eligiendo la paciencia sobre la irritación, la integridad antes que la conveniencia, el perdón antes que el resentimiento. Estas decisiones diarias moldean nuestro corazón y nos alinean más estrechamente con la voluntad de Dios.
En el Evangelio, Juan el Bautista reconoce a Jesús porque está atento al Espíritu. Escucha, espera y permite que Dios revele la verdad en su tiempo. Juan no llama la atención sobre sí mismo, sino que señala a los demás a Cristo: "He aquí, el Cordero de Dios." Su ejemplo nos recuerda que el discernimiento comienza con la escucha. Crear espacio para la oración, reflexionar sobre las Escrituras o simplemente preguntar: "Espíritu Santo, guíame hoy" nos ayuda a reconocer hacia dónde está conduciendo Dios.
Apoyarse en el Espíritu Santo no significa saberlo todo de antemano. Significa confiar lo suficiente en Dios como para dar el siguiente paso. Cuando nos entregamos en pequeñas maneras — escuchando, confiando y respondiendo cada día — la voluntad de Dios se despliega, formándonos como testigos de la luz y el amor de Cristo en el mundo.
